11. Como la vida misma.
No esperes que te dé ninguna explicación pues no sabría qué decirte. Es todo químico y neuronal. Estoy a años luz de quererte y no hablemos pues de ser amigos.
No es pasión, ni siquiera deseo. No necesito tocarte, ni sentirte, ni oírte respirar. Me basta con saber que estás ahí, en algún lugar, pero a la vez aquí, a mi lado. Nunca sabré cuál es tu fruta preferida, ni si prefieres el fútbol o el baloncesto. ¡Qué más da! No quiero superficialidades contigo, no las necesitamos.
Márchate, pero promete que no te irás. Vuelve siempre que quieras, surge de tus cenizas como el Ave Fénix, yo seguiré siendo tu hoguera, para acabar contigo y a la vez ayudarte a renacer. Una y otra vez. Hasta que el mundo se quede sin aire o tú y yo nos quedemos sin fuego.
Sindicación